Es sabido que años atrás no estaba en la actitud del español que se quedaba sin trabajo empezar su negocio propio, al menos en cuanto a la mayoría, y aunque últimamente cada vez haya más emprendedores casi todos son más por necesidad que por vocación. Países como Israel, Chile o Estados Unidos son los que encabezan el arte emprendedor en la economía mundial, pero deberíamos preguntarnos dos cosas sobre esto: La primera el porqué de que estén tan arriba y la segunda el motivo de que España no esté en ese top.

Recientemente en un congreso de emprendedores hablaba el creador de ticketea.com y preguntaba en que era España mejor que nadie en el mundo. Todo el mundo contestó que en el fútbol, y a partir de aquí se empezó una interesante analogía aplicable al mundo emprendedor. España tiene los mejores jugadores del mundo porque tiene la mejor liga del mundo, lo que atrae a estrellas extranjeras y la hace más competitiva. Pero además de eso tiene una idea de base, un estilo de juego. ¿Lo que se pretende entonces es montar una Masía de emprendedores? Casi sí.

Que en España haya más emprendedores

Siguiendo con el símil futbolístico observamos que esos jugadores son tan buenos porque desde pequeño llevan mamando esa filosofía de juego. España nunca llegará arriba en cuanto a número de emprendedores sino se enseña desde pequeño que en el futuro no hace falta trabajar para nadie, que puedes tener una idea, una buena idea, y desarrollarla tú mismo. Y no haya nada que dé mayor satisfacción personal.

Pero no todo está en el empresario, el Estado también tiene su culpa. En países emergentes y emprendedores la gente que crea su propio negocio paga muchos menos impuestos, tiene más ayudas, menos trabas burocráticas y facilidades a la hora de crear empresas. En España pasa lo contrario, son todo dificultades, hasta el punto de que se ordena la leche aunque ésta aún no tenga leche.

España necesita emprendedores, son el motor de la recuperación. Y si se ayudara a emprender y se perdiera el miedo al fracaso se tardaría menos en quitar el complejo de inferioridad y levantar cabeza.